27/11/2009 - 11: hs.
Seguramente usted también se acuerda del chiste ese en el que durante una campaña política, un candidato que estaba recorriendo los pueblos en los que se iban a desarrollar las elecciones, ya sin medir las promesas que hacía a cambio de generar simpatías en los futuros votantes, aseguró, en ese pueblo sin nombre, de ese país sin nombre, que luego de ganar las elecciones, y sin ninguna dilación, les iba a construir el puente que tanta falta hacía.
Los pobladores sorprendidos le dijeron: “Pero doctor (aunque creo que puede haber sido ingeniero), si por aquí no pasa ningún río”, a lo que rápido el candidato les respondió: “No se hagan problemas mis amigos, también les voy a construir el río…”
Solucionar “definitivamente” el problema de las inundaciones en Santa Fe, o lograr que nuestra ciudad “nunca mas se inunde”, es prácticamente imposible, se invierta el dinero que se invierta, saldría mucho mas barato asumir los costos de sencillamente “mudar” a todos los santafesinos a otras tierras, con menos humedad claro está, menos mosquitos también, y por cierto, muchos menos de esos paisajes hermosos que nos rodean, mucho menos de esa cultura de semiadoración por el río, o “la isla” como le decimos por acá, y mucho menos de esa increíble fertilidad que rodea a nuestra ciudad, y que en gran medida ha sido la fuente original de generación de riquezas por estos pagos, y no el empleo público como les gusta decir a los del sur.
Esta ciudad está enclavada en el antiguo cauce del Río Paraná, y forma parte de su valle de inundación. También tenemos al Sur Oeste de la ciudad, la desembocadura del Río Salado, que luego de un viaje de mas de 1.000 Km. viene a unirse al Coronda, justo atrás de la cancha de Colón. Nos guste o no, es lamentablemente “normal”, y recurrente que el río venga cada tanto a reclamar sus tierras, o sus aguas si ustedes prefieren. Encima, para ir protegiéndonos aunque sea un poco, fuimos rodeando nuestro enclave urbano con cordones defensivos que nos convierten en una pileta cundo las lluvias son excesivas, y todos sabemos que a pesar de eventuales sequías y fenómenos de “La niña”, siempre vuelven las lluvias torrenciales, y a veces, como en estos días, también tenemos problemas con las no tan torrenciales.
Los estados de Florida y Louisiana en los Estados Unidos, entre otros, sufren con frecuencia la furia de devastadores huracanes, Los Angeles en California, o el Distrito Federal de Méjico, solo por citar un par de ejemplos, están siempre expuestos a los terremotos, y la mayor parte del territorio australiano, sufre casi constantes sequías que obligan al racionamiento del agua. Al menos hasta donde yo sé, nadie prometió en campaña en Estados Unidos que no iban a tener mas huracanes, tampoco se garantizó que se evitarían los terremotos en Méjico, ni que se haría llover en Australia. Acá si, acá se prometió que no nos inundaríamos mas, y funcionó bastante bien, hasta que llovió.
Sí, ya sé, ahora vienen los mensajes, no muchos, dos o tres la verdad, que dicen que porqué no hablamos antes, durante los 24 años de los gobiernos precedentes. Ahorremos tiempo, y ahórrense ustedes un mensaje, a ver si queda claro: Al menos yo en lo personal, desde el programa de televisión sobre medio ambiente, desde que comenzó en el año 1998, siempre critiqué la escasez de medidas de mitigación de los daños provocados por las eventuales inundaciones, y la falta de programas de contingencia ante esos fenómenos, y de hecho, desde mucho antes de los tiempos del Brigadier López, Santa Fe tuvo que sufrir, ya sea por el agua del Paraná, por la del salado, o inclusive por la de lluvia.
No estoy criticando acá el hecho de que muchas casas hayan tenido agua adentro nuevamente, eso todos sabíamos que iba a volver a pasar, incluso aquellos que hicieron las promesas. Lo que considero lamentable, es que se generen falsas expectativas y que después, ante la contundencia de los hechos, los “inundadores”, en vez de ser los funcionarios, como antes, sean ahora los vecinos, que siguen tirando las bolsitas de basura donde no deben. Eso me recuerda la actitud de algunos que si por accidente los pisás, te dicen: “ Me pisaste estúpido”, pero si ellos te pisan (incluso por accidente), inmediatamente te dicen: “qué hace tu estúpido pié debajo del mío?”. Es más, muchas veces ni siquiera son ellos los encargados de echar las culpas, en este caso en particular parecen tener todo un coro de aduladores y asentidores, muy parecido a lo que antes en el viejo teatro se llamaba la claque, que era ese grupo de personas a sueldo, que durante la obra se reía y aplaudía en los momentos en que se suponía que esto tenía que ocurrir, a pedido de los autores y actores por supuesto.
Hay que reconocer por supuesto que, así como antes, sobretodo desde los noventa en adelante, se hicieron muchas obras de defensa que consiguieron que el nivel de alerta y evacuación en Santa Fe pase de los cuatro metros con cuarenta centímetros a casi cinco cincuenta, y que la mayor parte de la ciudad esté protegida ahora de crecidas del Paraná de hasta siete metros, en esta nueva gestión municipal también se ha hecho, y se sigue haciendo, un excelente trabajo en la limpieza de los reservorios, en el mantenimiento de buena parte de las defensas, y en el funcionamiento de las bombas de extracción, al que si bien aún les falta todavía para estar a la altura de las circunstancias, muestran una mejora significativa en relación a gestiones anteriores. Incluso seguimos esperando el estreno de las famosas bombas arroceras. Todo esto debería destacarse, por encima de las acusaciones, las anteriores y las actuales, como así también, creo que sería todo un detalle de conducta democrática y civismo, el reconocimiento de los problemas que aún persisten, como las obras inconclusas, aún hoy de manera inexplicable, e inexplicada.
La autocrítica hoy está ausente a todos los niveles, miremos la escala de gobierno que miremos, y nuestra ciudad no está exenta de ese pecado. Yo no creo que los vecinos que tuvieron que estar nuevamente sacando el agua y el barro de sus casas otra vez, y que otra vez perdieron mucho, se vayan a sentir mejor con ese reconocimiento, pero por lo menos que no se les carguen las tintas, echándole las culpas, por su supuesta inconducta ciudadana.
La promesa de “Santa Fe no se va a inundar mas”, se diferencia muy pero muy poco de la tristemente célebre frase de Alvarez en el 2003, cuando trató de calmar a todos con su “Qué se queden tranquilos los vecinos, que el agua no va a entrar…”. La única diferencia parece ser que en el segundo caso se actuó dolosamente, mientras que en el primero, solo se lo considera una promesa de campaña, que no se puede cumplir, no ya por culpas propias, sino por errores ajenos, incluso ahora se reconoce que con unos mil millones de pesos el tema se podría empezar a solucionar, En otras palabras, ahora se pide una especie de prórroga y financiamiento, nunca antes mencionados, para el cumplimiento de lo prometido. Existe una especie de acuerdo tácito entre los políticos y los electores, en el que parece que nunca corresponde reclamar por las promesas incumplidas. Son las reglas del juego, se dice.
Los seres humanos somos cada vez mas, y obviamente cada vez reclamamos mas recursos y espacio. Lejos de revertirse, esta tendencia se va a profundizar también cada vez mas, y en nada ayudan las mentiras o falsas promesas, que si bien pueden ser consideradas diferentes unas de otras, tienen en común que sus patitas son tan cortas, que el agua las tapa enseguida. Igualmente, siempre queda la posibilidad de que lo que se dijo, que todos sabíamos que era de cumplimiento imposible, se haya dicho de buena fe, pero quiere que le diga la verdad?. No sé que sería mas preocupante.