19/10/2009 - 10: hs.
Todos y cada uno de nosotros tenemos demonios y fantasmas que están al acecho. en una especie de guarida en nuestra mente, latentes, esperando el mejor momento para salir y atentar contra nuestros sueños.
Tenemos nuestros lugares oscuros, nuestras frustraciones que queremos ocultar a través de un camino que no es el recomendable, pero es el único que podemos transitar. Nadie tiene libre la mano para tirar la primera piedra. Todos tenemos a menudo nuestras fugas, en donde cientos de veces somos autodestructivos, donde nos dañamos nosotros mismos y, por sobre todo dañamos a los que más que queremos, a los que nos hacen el aguante, los que están allí en los momentos en que los demonios nos comen la cabeza.
Todos y cada uno de nosotros tenemos algún tipo de adicción, algunos más saludable que otras, algunas con la oportunidad de haberla dejado atrás y otros en camino de. En definitiva, todos somos el reflejo de esta sociedad que cada vez esta más loca, más enferma, una sociedad que no tiene sueños, ni utopías, donde ya no existen poesías. Estamos inmersos en una sociedad en la que nuestro único sueño es llegar a fin de mes, vivir el día a día, una sociedad que en función de eso no tiene creatividad, no tiene la adrenalina de conquistar nuevos mundos…
Nos asusta lo que nuestros adolescentes consumen y lo que se vive cada fin de semana, los hechos de sangre y como terminan las riñas que empiezan por peleas estupidas y sin sentido. Hoy los chicos se dan con todo, tal vez sea una mezcla de falta de ilusión y sueños que genera este país, la falta de contención por parte del seno familiar y escolar, o la pérdida de valores por la vida misma.
Hoy en día, la mayoría, grandes y chicos, no salimos a divertirnos, salimos a autodestruirnos, a tapar los demonios que nos consumen por dentro. Necesitamos esconder, disfrazar las cosas que nos hacen mal, necesitamos olvidar los sueños perdidos, nuestras fantasías incumplidas.
Los padres tenemos ese motor que son los hijos, que nos levantan todos los días, y si ese motor no funciona, desde algún punto nosotros tampoco lo hacemos. Entramos en ese mundo de autoflagelación y comenzamos a autodestruirnos y corromper a todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Y es el individualismo puro y el sálvese quien pueda y el todos contra todos.
No digo que lo de antes sea mejor. El punto es convivir y aprender de los errores del pasado para poder realizar un futuro mejor para todos.
Los fines de semana ya no son los mismos. Donde uno se preparaba para poder distenderse de unos cinco días de arduo trabajo. Parece que los fines de semana están destinos a terminar en el Cullen, en la morgue o con suerte en casa con resaca.
Esperamos que la clase política, las entidades gubernamentales, nosotros los periodistas y los medios de comunicación, podamos tomar dimensión que vivimos en una sociedad que se esta autodestruyendo, que esta enferma y que vamos camino a perder a sus seres mas entrañables que son los que deberían estar, los que deberían reemplazarnos o acompañarnos sin dejarse ganar por los demonios que acechan agazapados en nuestra cabeza.